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Tras los ojos de… Las Narrativas Transmedia

Me estoy leyendo un libro que trata sobre las Narrativas Transmedia de Carlos A. Scolari. Por si no sabéis qué son, se trata de una forma de trabajar las historias para que trasciendan la pantalla y se sigan construyendo a partir de otras narrativas: libros, merchandising, series, más pelis, e incluso los fanfincs –historias inventadas por los propios fans–. Star Wars, El Señor de los Anillos, Harry Potter, Águila Roja, e incluso el programa de TV Polònia de TV3 son narrativas transmedia. Dependiendo del proyecto se crearon narrativas transmedia –queriendo o sin querer–, a causa de las “exigencias” de los fans de querer saber más del mundo que se ha construido detrás de las protagonistas. Un claro ejemplo de la visión transmedia es George Lucas, que veía el éxito de su film mucho más allá de la pantalla de cine antes de finalizarlo, y cedió un gran porcentaje de beneficios de su proyección a la distribuidora a cambio de quedarse con el 100% de los derechos del merch, y se hizo de oro gracias a ellos, ya que su saga al final tuvo éxito aunque le costó arrancar, pero todavía tuvo más beneficios en el merch de R2-D2 y la princesa Leia entre sus personajes. Otras creadoras, como J.K. Rowling rechazan el transmedia en un principio porque sienten que las fans se entrometen donde no deben con, por ejemplo, los fanfics y las creaciones de webs como Mugglespace. Pero en esta ocasión la convicción de los fans de Potter provocó que al final la propia Rowling lanzase la página Pottermore, que a parte de crear comunidad para los fans y aceptar sus creaciones entorno al mundo de Howgarts, saca provecho presentando nuevos productos y lanzando contenidos extra exclusivos.


Y pensando en ello llegué a la conclusión que la Narrativas Transmedia no las vemos tan solo en expresiones audiovisuales, sino también en las Redes Sociales. Facebook, Twitter, Instagram, entre otros, son nuestras Narrativas Transmedia. Allí agrupamos a un conjunto de personas de ámbitos muy diferentes y con confianzas muy distintas y les enseñamos nuestras facetas más allá de la que ven en nuestro círculo común. Enseñamos donde veraneamos, nuestros restaurantes favoritos, nuestras lecturas, nuestras amigas más cercanas, nuestra universidad, incluso algunas el trabajo… Lo enseñamos todo a todas, y lo consumimos de esas personas que tenemos agregadas. Hay personas que su Instagram es todo fiesta, otras que parece que estén en las Maldivas los 365 días al año, otras que son unas locas del deporte, otras que muestran de todo… Es una nueva forma de conocer a las personas.


Cabe añadir que también utilizamos cada red social de forma distinta. En Twitter somos sarcásticas, irónicas y políticamente incorrectas; en Instagram mostramos la cara bonita de nuestra vida; y en Facebook compartimos hechos y anécdotas que leemos –no las voy a llamar noticias porque de periodismo acostumbran a tener poco–. Además, son espacios donde las personas pierden la vergüenza. Hay personas que muestran sus expresiones artísticas a todas aquellas que las siguen, cuando normalmente se lo guardarían para ellas. Hay otras que muestran su cuerpo sin tabús y sin complejos, cuando en su día a día les da vergüenza quitarse la camiseta en la playa con las demás, o no son capaces de ir sin sujetador por la calle, no fuese que se vieran los pechos “caídos” –naturales–. Otras muestran su ideología política, cuando en sus entornos cercanos quizás se la reservan para ellas. Y un largo etcétera.


Sin embargo, en las RRSS nadie nos ha pedido saber más de nuestras vidas. Aquellas que las inventaron nos han hecho creer que lo necesitamos. Y seamos realistas, disfrutamos con ello. Las utilicemos más o menos, siempre nos gusta saber, nos gusta cotillear, e incluso hay personas que les gusta mostrar las cosas de forma que se puedan malinterpretar, les gusta saber que hablan de ella. Y los likes pueden llegar a ser adictivos.

En conclusión, nos hemos creado una narrativa transmedia para nuestras vidas. Ya no solo vale aquello que compartimos ipso facto con quien tenemos alrededor, lo queremos compartir con todas aquellas personas que nos conocen para hacerlas sentir parte de nuestro día a día.


Aun así, la sociedad no nos permite mostrar las partes “malas” o desagradables. Cuando alguien sube una foto en la playa la gente piensa “que guay, ojalá estar de vacaciones”, pero cuando alguien sube algo donde insinúa que está mal por su ex, o está enfadada con su amiga la gente piensa “ay por qué sube eso, no es necesario”. ¿Por qué no es necesario? ¿Por qué todo debe ser dulce, tierno y bonito? O ¿por qué aceptáis los dramas de vuestras influencers favoritas y las apoyáis? ¿Porque tienen un mensaje bonito o positivo detrás quizás? Y, ¿por qué no le dedicáis un minuto a reconfortar a aquella persona que en algún momento fue importante en vuestra vida y ahora lo está pasando mal?


Hay muchas cuestiones sobre las que reflexionar, y con el último párrafo ya entraríamos en temas de aceptación de sentimientos, que ya profundizaré otro día. De momento, dejadme en los comentarios qué os parece mi percepción de las RRSS a partir de las Narrativas Transmedia y cómo os las tomáis vosotras! Ya sabéis que si necesitáis desahogaros con alguien aquí estoy yo! 💜


Fotografía propia. Lugar: Estany de Banyoles. Año: 2017. Modelo: Nicol.


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